...Llegué a un bar, pequeño de estos de barrio con encanto y
solera, fue en Granada . Pedí una cerveza bien fría , y de tapa me ofrecieron
algo que era la primera vez que escuchaba “ortigas de mar” (estaba casi empezando
mis andaduras en el mundo de la gastronomía) me las enseñaron y como casi a
cualquiera que conozca este manjar no me entraron por la vista, pero me atreví
por recomendación de las taberneras,
sentado en esa barra, casi como en casa con mi cerveza bien fría, casi que las
ortiguitas tenían la partida ganada, muy malo tenía que estar eso para
estropear ese gran momento, y a lo agusto que me sentía, muy lejos de esto,
cuando me las sirvieron, fritas , y finalmente
las probé, fue como darle un bocado al mar, una explosión de sabor marino
increíble, de pronto me llevaron a cuando era niño y comíamos las lapas recién cogidas
de las rocas de las playas canarias. En definitiva, una experiencia única para
un chaval que estaba empezando a descubrir la gastronomía. Este bar se llama
“chavico” y más de una anécdota tengo de momentos como este en ese pequeño
rinconcito “Granaino”.
